martes, 26 de agosto de 2008

My life IV

Por motivos de trabajo, tuve que trasladarme al sur del país durante un mes. Tuve que trabajar mucho durante ese mes, tenía muy poco tiempo libre. Así que me dedicaba a descansar y a chatear con mis amigos y familia.

Un día por casualidad, chateando, conocí a un chico muy simpático. Me contó que tenía pareja, pero que estaba de viaje de trabajo. Hicimos buenas migas.
Hablando de nosotros me comentó que tenía un amigo que vivía cerca de mi ciudad, empezó a hablarme de él por si nos conocíamos. Pero no dio esa casualidad.

Volví a mi casa, pero mantuvimos el contacto.
Me dio el correo de su amigo, pero no hice caso.
Al ver que no le había agregado, le dio a él mi dirección.

Comenzamos a hablar. De entrada parecía un chico serio. Era más joven que yo. Estaba en el último año de carrera.

Estuvimos hablando durante una semana. La compenetración fue casi instantánea. Teníamos gustos e intereses en común. Compartíamos una misma visión de la vida, del amor, del trabajo, de la familia.

No quería tomármelo en serio. Tenía tan mala suerte en estas cosas, que por qué iba a ser diferente esta vez.
Nos dimos los números de teléfono. Nos mandábamos mensajes constantemente.
No quería pero estaba cayendo.

Un domingo decidimos conocernos. Estaba totalmente desquiciada, nerviosa a más no poder. El primer contacto fue un poco frío. Se notaba el nerviosismo por parte de ambos.

Fuimos a la playa, el mejor sitio para estar tranquilos, charlar, pasear, mientras tomábamos el aire.

Llegamos hasta el faro. Nos sentamos a ver como las olas rompían contra las rocas. Soplaba una brisa fresca. Era un paisaje perfecto. Hubo un intento de acercamiento por su parte pero como siempre me pudo la vergüenza.

Con el coche fuimos camino a una cala cercana. Estuvimos paseando y me dio la mano. Sentí un revolotear de mariposas en el estómago, y un escalofrío me recorrió haciéndome estremecer. Sensaciones nuevas para mí.

Me mostró un camino hacia una parte alta desde la que se podía contemplar toda la cala. Allí agarrados de la mano, me dio un pequeño beso en los labios. Sólo uno.

Fue entonces cuando decidí que no iba a estar siempre de brazos cruzados, que si quería ser feliz debería de luchar por ello. Lo atraje hacia mí, lo miré a los ojos y lo besé. Fue un beso largo, de pasión contenida. Un beso de amor.

Nos despedimos por ese día, aunque al llegar a casa seguimos hablando. Parecía que todo iba bien. Me dijo que quería estar conmigo, que le encantaba.

Me tomé las cosas con mucha calma. No quería estropear nada ni hacerme ilusiones precipitadas, pero él insistía. Me dijo que me amaba. Que en cuanto me vio lo supo. Que yo era lo que él siempre había buscado.

Y yo lo amé con tanta fuerza que pensé que el corazón no podría soportarlo.

Por suerte, todo ha salido bien. Llevamos juntos casi seis meses, en los que hemos pasado todo el tiempo posible conociéndonos, dándonos cariño, amándonos.

Estamos enamorados. Tenemos planes de futuro. Formaremos una familia.
Soy tan feliz.

Ahora sí que creo en el verdadero amor, en el amor de por vida.

My life III

Para intentar conocer gente empecé a chatear con mayor frecuencia.

Hablaba con muchísimos chicos, de todas las regiones del país. Sólo en plan de amigos, claro.
Me hice perfiles en miles de páginas de contactos, y conocí a alguien especial (al menos eso pensé).

Era un chico que vivía en mi misma comunidad, en un pueblo a unos pocos Km. de mi ciudad.

Empezamos a hablar a diario, hasta las tantas de la madrugada. Nos mandábamos fotos, bromeábamos, coqueteábamos.

Me estaba empezando a gustar y ni siquiera lo conocía. Muchos días me invitaba a salir o a tomar algo pero nunca acepté. Un día de primavera, no paraba de llover, era fin de semana y no tenía ningún plan. Fue entonces cuando acepté a quedar con él.

Estaba muy nerviosa. ¿Qué pensaría de mí? ¿Creerá que soy fea? ¿Le gustaré? ¿Y si me ve y me deja plantada? Mil dudas pasaron por mi cabeza, por supuesto todas respecto a mí. Siempre he tenido tan poca confianza en mí misma…

Por suerte no me plantó, incluso dijo que era mona. Fuimos a tomar algo. Me daba mucha vergüenza y estaba tan nerviosa que no paraba de hablar. Pasó la tarde y yo me moría de sueño. Me apoye contra la pared, cerré los ojos y cuando me di cuenta me besó. Fue un beso tierno, cariñoso. Al menos eso recuerdo, ya que tomé alguna copa de más para aliviar mis nervios acabé como una cuba. Menos mal que él tampoco iba sobrio del todo.

Llegué a casa muy ilusionada. Me gustaba, me encantaba, me hacía reír. Estaba en las nubes.
Hablábamos más que antes, quedábamos mucho, salíamos, íbamos a cenar….pero nunca volvió a besarme ni a tener una actitud amorosa conmigo. Me había convertido en una amiga como cualquier otra.

Pasaba el tiempo y las cosas no cambiaban.

De un día para otro me alejé de él. Le conté que me gustaba y que necesitaba espacio. No volvimos a hablar en meses. Dejé de salir por miedo a verle con otra chica, ya fuese amiga o novia.

Conseguí olvidarlo, no me costó mucho, pero otra vez me habían dado calabazas.
Fue entonces cuando perdí toda esperanza por encontrar el amor, por encontrar a ese alguien que con una simple caricia hace que te estremezcas.

Mientras mis amigas y compañeras siempre hablaban de sus nuevos novios, yo me limitaba a haber que escuchaba, no quería oír como el resto era feliz, y yo sufría en silencio por mi soledad.

Estaba hundida, no quise saber nada más de chicos. Pasó un año entero antes de que volviese a ser yo misma. Volví a vivir. Cuánto tiempo desperdiciado en sumirme en la desesperación, en la tristeza.

Empecé a pensar que siempre ha habido gente soltera, y no por ello es infeliz. Tenía mi familia, mis amigos, así que hice un esfuerzo y logré recuperarme.

My life II

Pasó el tiempo y cumplí los 18 años. Ahí tuve mi primer beso. Es bastante triste llegar a la mayoría de edad sin que ni siquiera te hayan dado un beso. Me sentía desgraciada.

Un día de fiesta me presentaron a un chico, me gustó desde el primer momento. No era guapo pero sí muy simpático, me hacía reír. Ya sabéis como son las cosas con esta edad, tus amigas hacen de intermediarias, “¿que? Te gusta nuestra amiga? Quieres con ella?”, sí, un poco patético pero bueno, así son las cosas. Me tuve que emborrachar hasta límites insospechados sólo para darnos un par de besos. Y la cosa se quedó ahí, resulta que tenía novia, y había gente conocida por el local, así que huyó.

Vamos, que mi primer beso fue un asco.

Después de aquello decidí no tomarme en serio a los hombres, así que me dediqué a dejar de pensar en el hecho de que estaba sola, de que nadie me quería, de que los chicos ni se acercaban a mí…

Las fiestas de aquel siguiente año fueron increíbles, bailes sin parar, noches en vela, alcohol a raudales, en fin…logré desinhibirme. Eso sí, ni un solo contacto con hombres durante ese año.

Cuando menos me lo esperaba conocí a un chico. Me parecía muy guapo, delgado, buen cuerpo, tenía un morbillo…ya sabéis un chico malo. También tuve que beber para dejarme llevar. Todo pintaba bien, nos llamábamos todos los días, quedábamos para vernos. Por motivos familiares, tuve que irme unos días de viaje. El mismo día que volvía recibí un sms. Había conocido a otra chica y sólo quería avisarme para que no flipase si los veía juntos. Lejos de dolerme, incluso me hizo gracia. Pero bueno, había que continuar.

Empecé a tener algún rollo que otro, eso sí, muy espaciados en el tiempo. No quería complicaciones. Estaba siempre tan borracha que a veces no me acordaba ni de sus nombres.
Por suerte, me pasaba un par de veces o poco más al año, así que tampoco es nada reseñable.
Lo que sí me parecía muy triste, es tener que beber para poder atreverme a besar a un chico. Tanta timidez y tanta vergüenza no eran normales.

My life

Nunca me he considerado una chica que merezca la pena.

En el colegio, sacaba las mejores notas aunque apenas estudiaba. Podía decirse que era espabilada en cuanto a los estudios y que las cosas se me quedaban relativamente rápido (todo ésto con la edad va a peor, quizá deba empezar a jugar al brain-training o algo similar jeje).

Nunca me he considerado ni una chica popular ni una marginada. Aún no teniendo un buen físico ni una belleza considerable, no me han faltado amistades y apoyos, pero siempre estaban los simpáticos de turno criticando, insultando, con ganas de hacer daño, aunque bueno, mirando atrás no se puede reprochar a los niños hacerlo ya que la educación de ahora brilla por el respeto a los demás.

Casi todo el tiempo que estuve en el colegio estuve colgada de un chico de mi clase. Lo sabía todo el colegio claro, incluso él. En el último curso tuvimos un acercamiento, aunque por miedo a lo que pensasen los demás si estuviera conmigo, se quedaron las cosas como estaban.

En el primer año de instituto, la cosa no mejoró. No conocía a nadie. Los primeros días casi no hablaba, pasaba mucha vergüenza y estaba sola en el recreo.

Poco a poco empecé a hacer migas con las chicas de mi clase, éramos muy pocas y por eso nos unimos ante tanto hombre.

Un chico me echó el ojo, desde luego en el mal sentido. Se pasó todo el curso intentando amargarme la vida, con insultos y desplantes. Yo, ya acostumbrada a este tipo de trato simplemente lo ignoraba o incluso cuando me enfadada le respondía.

Los siguientes años de instituto fueron mejor, tenía amigos, hablaba con mucha gente. Salía de fiesta con mis amigas de toda la vida y a veces con la gente del “insti”. Incluso empecé a beber, a ir de botellón. Para mí todo un logro a nivel social.

No lo tomé como norma, si que me tiraba mis juergas, me emborrachaba, pero nunca pasó de ahí. No he probado drogas ni sustancias ilegales, eso lo tuve claro desde el principio. No digo que por probarlo vaya a ser dependiente de ello, sólo que nunca me generó ningún interés.

Aún así, continuaba sumamente tímida con la gente nueva, con la que no conocía. Si me presentaban a alguien, daba dos besos y me escondía entre la gente. Lógicamente mi vida amorosa era nula, no tuve ningún ligue, rollo, o noviete como el resto de las chicas.
Me consideraba fea, horrible, poco interesante, así que cómo alguien iba a querer nada conmigo.